Esta poesía la escribí como canto premonitorio, cuando aun disfrutaba de su torpe andar, grácil nado y extraño pero marivilloso cariño.
Amistad cultivada que me amaestro durante seis años.
A UN CISNE
Tú,
fiel amiga, crepúsculo alado,
Que
reinas en un mar de fantasía;
Tú,
que das a las aguas alegría;
Tú,
que imperas en el cielo estrellado.
Olvídate
del cuerpo encarcelado
Y
vuela con el alma cada día;
Surca
el manto de la noche sombría
Y
dale a tu sueño el cielo esperado.
Negro
cisne déjame que lamente,
La
injuria hacia tus alas proferida
Amputando
el que vueles libremente.
Cuando
vayas, sufriré tu partida;
Aunque
estarás en mí eternamente,
Y
tu recuerdo aliviará mi herida.

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