Durante muchos años me parecía verla, a lo lejos. Alguna vez manteníamos un cruce de miradas esquivas, y en esos cruces adivinaba en sus ojos dudas sobre acercarse a mi. Pero no fue hasta hace tres semanas cuando tomó brío, y cruzando la calle, me llamó gritando. Por fin entablamos de nuevo una conversación.
-¿Que tal?. Cuanto tiempo- Me dijo con cierta soberbia. -Te he visto muchas veces durante estos años, pero por las noticias que me llegaban y lo que me decía el rictus de tu rostro, sabía que preferías que me mantuviese alejada de tu vida.- En ese momento, el fuego de sus ojos hizo que la culpa se volviese a apoderar de mi consciencia.
-¿Y que ha sido lo que te ha impulsado a cambiar de método?- Le dije, intentando aparentar una frialdad de la que carecía.
-La tristeza de verte otra vez bajo la lluvia con los ojos vacíos mirando al suelo, dándote cuenta solo a veces de las hermosas calles por las que pasas, la métrica arquitectura de las casas que las componen, de los cantos de los pájaros que en ellas habitan y la oculta amabilidad de los seres humanos que en ellas moran.-
Ahí recuperé un poco las fuerzas y haciendo gala de mi orgullo le dije que sabía mucho de mi estado después de haberme abandonado hace tanto tiempo.
Su rostro palideció, sus labios se endurecieron imitando a cuchillas en una mueca mortal, sus negras pupilas se oscurecieron hasta el brillo de la plata y gritando me dijo:
-¡¿Que yo te he abandonado?!.¡El destino te dio a elegir y tu elegiste!. ¡Elegiste la comodidad de la otra!. ¡Elegiste el estar tirado en un sofá aguardando las caricias vacías de ella sabiendo que nunca te iban a llenar!. ¡¿Y que querías que hiciese yo?! ¿Que esperase a que te levantarás, te enfrentases a ella y volvieses a pedirme lo que sabes que solo yo puedo ofrecerte?. Tuve que irme porque ya no me querías, porque ella se apoderó de ti y no estabas dispuesto a salir de su cárcel. Hasta ahora he tenido que estar lejos, lejos porque ni ella ni tu permitíais que me acercase. Cuantas veces he rodeado la cabecera de tu cama mientras intentabas dormir, cuantas veces he tirado de tu mano cuando estabas tumbado en el sofá, para que cogieses un boli un papel y volviésemos a estar juntos. Pero ella te abrazaba fuertemente, y ese abrazo se ha convertido en los grilletes que no te permiten caminar y en la venda que ahora tapa tus ojos y tus oidos.
-¿Y si yo quiero seguir así?.- Le dije con el fingido orgullo del que quiere ocultar su propio desprecio.
-Entonces la Pereza habrá vencido y esta conversación habrá sido infructuosa-. Su faz se volvió a suavizar.-Siempre que tu quieras me tendrás, pero tendrás que deshacerte de esa perra que te posee y te limita. Tendrás que ser metódico, inquieto, soñador, activo y pertinaz. Yo prometo que siempre que te pongas a escribir estaré allí, insuflandote mi aliento e inspirando en ti el conocimiento de mis sueños tal y como lo hice anteriormente.

Ya han pasado tres semanas desde entonces y me ha costado romper mi anterior relación con la Pereza. Pero hoy volvemos a estar juntos. Y sé que Clio no se separará de mi, ni saldrá de este chaflán que hemos construido entre los dos.